La realidad pasa por la pantalla…o no pasa.

Que tienen en común los carteles en contra de TN en el acto del justicialismo y la reacción popular en Europa contra el paso de la antorcha olímpica?

Que une el atentado a las torres con las acciones de Greenpeace?
Todos estos eventos son ejemplos de una tendencia que ya es conducta obligada en la forma de expresarse por parte de la ciudadanía o las organizaciones: Hacerlo para las cámaras.
La creciente ubicuidad de los medios de comunicación, la fluidez en el tráfico de información y la globalización de las experiencias están condenando (o tal vez potenciando) a que las acciones que intentan adquirir difusión deban ser pensadas y hechas para su transmisión “en vivo” a audiencias masivas y globales. Infectando las conciencias con su capacidad viralizante.

Los más de 30 años de lucha del Dalai Lama y su amigo intimo Richard Gere para poner en la agenda el tema del Tibet no lograron mover la aguja del tablero de la opinión publica tanto como 10 segundos transmitidos al mundo donde activistas lograban apagar la antorcha olímpica en su paso por Francia. Las acusaciones de poco respetables piqueteros o de gobernantes parados en el frágil borde que separa la soberbia de la ceguera no lograron poner tan nervioso al multimedia de clarín como los económicos carteles puestos delante de las cámaras de TN para pelear justamente contra esas cámaras.

Lanzar un segundo avión contra una segunda torre con el tiempo necesario de diferencia para que lo vieran en vivo millones de espectadores en todo el mundo fue un acto de cruel perfección difícil de superar.

Pocos segundos le alcanzaron a una hermosa entrerriana con una pequeña bikini en la cumbre de presidentes de hace unos años (con un cartel igual de pequeño) para que el tema de las papeleras saltara a los titulares de los diarios del mundo.

Es que hoy más que nunca, lo que no está en la pantalla no es, no existe.
Y el proceso sigue en escalada, cada vez hay que ser más original, cada vez hay que ser más audaz, cada vez hay que lograr más segundos en pantalla. La vida “real” comienza desdibujarse detrás de la pintura que de ella hace la teve, como el premonitorio cuento de Borges donde el mapa del reino se fue haciendo tan exacto, tan a escala real, que terminó reemplazando a la realidad mientras que debajo de él, el territorio se deshacía como un papel a la deriva del viento.
El potencial de comunicación de estas acciones se vuelve enorme e impredecible ideal para ser aprovechado en nuestra necesidad de comunicación, pero la posibilidad de que la realidad se desvanezca detrás de la pantalla también crece geométricamente.

Esperemos que no llegue el día en que las ventanas de nuestras casas sean reemplazadas por pantallas, las puertas por conexiones USB y el cielo estrellado por una cúpula de leds incandescentes porque ese día no vamos a poder descubrir que es mensaje y que es realidad.
Ahora me pregunto… quien dijo que eso no está sucediendo ya?

Una Respuesta a “La realidad pasa por la pantalla…o no pasa.”

  1. Respecto a la Globalización, ¿no te parece que hay paices globalizadores y otros globalizados?

    En cuál estaremos nosotros? mmm… ya se me ocurrió la respuesta.

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